Cuando el calor aprieta, cocinar algo caliente es lo último que apetece. Las sopas frías resuelven ese problema: se preparan de una vez, se guardan en la nevera y están listas para servir en cualquier momento, sin encender el fuego.
Gazpacho tradicional
Tritura un kilo de tomates maduros, medio pimiento verde, un trozo de pepino, un diente de ajo pequeño, un chorrito de vinagre, aceite de oliva y sal. Cuela si prefieres una textura más fina y enfría al menos una hora antes de servir. Cuanto más maduros estén los tomates, mejor sabrá.
Salmorejo
Más espeso que el gazpacho: tritura tomates maduros con pan del día anterior remojado, ajo, aceite de oliva y sal, hasta conseguir una crema densa. Sírvelo con huevo duro picado y taquitos de jamón por encima, la combinación clásica.

Ajoblanco
Menos conocido fuera de Andalucía, se hace triturando almendras crudas peladas con pan remojado, ajo, aceite de oliva, vinagre y agua fría. Se sirve tradicionalmente con uvas o trozos de melón, un contraste que sorprende la primera vez pero engancha rápido.
Crema fría de aguacate y pepino
Tritura aguacate, pepino, yogur natural, zumo de lima, un poco de cilantro y sal. Es más suave que las anteriores y aporta grasas saludables además de ser muy refrescante gracias al pepino.
Cómo hacerlas más completas
Cualquiera de estas sopas puede convertirse en una comida completa si le añades una fuente de proteína: huevo duro, un puñado de garbanzos, atún o queso fresco en dados. Así dejan de ser solo un entrante y pasan a ser plato principal para una noche de calor.
Se conservan bien varios días
Todas estas sopas aguantan 3-4 días en la nevera en un recipiente hermético, así que prepararlas en cantidad grande te resuelve varias comidas sin volver a encender la batidora cada día.



