La pasta de trigo refinado no tiene nada de «malo» puntualmente, pero si buscas variar y sumar algo más de fibra o proteína a tus platos, hay alternativas que se cocinan igual de fácil y cambian bastante el resultado nutricional.
Pasta integral
La opción más sencilla: mismo formato, mismo modo de cocción, pero con bastante más fibra al conservar el grano entero. El sabor es un poco más intenso, algo que con una buena salsa apenas se nota.
Pasta de legumbre (lenteja roja, garbanzo)
Hecha 100% de legumbre molida, aporta bastante más proteína que la pasta normal (puede rondar el doble). Cambia algo la textura, queda un pelín más densa, pero en platos con salsa se integra bien.

Espaguetis de calabacín (con espiralizador)
Con un espiralizador (o un pelador en su defecto) conviertes calabacín en tiras finas tipo espagueti. No sustituyen del todo a la pasta en textura, pero como base ligera para una salsa boloñesa o pesto funcionan genial y suman verdura al plato sin que se note tanto.
Fideos de arroz
Sin gluten de forma natural, se cuecen en agua caliente en pocos minutos (algunos ni siquiera necesitan hervir, solo remojo). Son la base habitual de platos asiáticos tipo pad thai y quedan muy ligeros.
¿Cuál elegir?
Si buscas más fibra sin cambiar mucho el hábito, la integral es la opción más cómoda. Si priorizas la proteína, la de legumbre. Si quieres sumar verdura de forma discreta, el calabacín espiralizado. Y si cocinas para alguien sin gluten, los fideos de arroz son un comodín fácil. No hace falta elegir una sola: rotarlas es lo que mantiene el menú interesante.



