Después de entrenar apetece algo que no siente como piedra en el estómago pero que tampoco se quede corto en proteína para la recuperación. Estas cenas buscan justo ese equilibrio: ligeras de digerir, pero con suficiente sustancia para no quedarte con hambre a las dos horas.
Crema de calabacín con huevo poché
Cuece calabacín, puerro y una patata pequeña en caldo de verduras hasta que estén tiernos, tritura y añade sal y pimienta. Sirve con un huevo poché por encima: se cuece rompiendo el huevo en agua casi hirviendo con un chorrito de vinagre durante 3 minutos. La crema aporta hidratos de digestión suave y el huevo, proteína de calidad.
Revuelto de champiñones y jamón
Saltea champiñones laminados con un poco de ajo, añade taquitos de jamón y, cuando estén hechos, incorpora los huevos batidos y remueve a fuego bajo hasta que cuajen. Es rápido, ligero y con buen aporte proteico para la recuperación muscular.

Yogur griego con avena y fruta
Si el entrenamiento ha sido tarde y prefieres algo aún más ligero, un bol de yogur griego con un puñado de copos de avena, fruta troceada y un poco de canela cubre proteína e hidratos sin necesidad de cocinar nada.
Pechuga de pavo a la plancha con puré de boniato
Cuece boniato hasta que esté blando y machácalo con un poco de sal y aceite de oliva. Acompaña con pechuga de pavo a la plancha con especias al gusto. El boniato repone el glucógeno gastado en el entrenamiento sin ser pesado.
Wrap de atún y aguacate
Mezcla atún al natural escurrido con aguacate machacado, un poco de limón y sal, y enróllalo en una tortilla integral con hojas verdes. Se prepara en menos de 5 minutos y combina proteína con grasas saludables.
Un apunte sobre el horario
No hay una regla fija sobre cuánto esperar entre entrenar y cenar: depende de cada persona y de la intensidad del entrenamiento. Si entrenas muy tarde, las opciones más ligeras de esta lista (el yogur o la crema) suelen sentar mejor que algo copioso justo antes de dormir.



